Cambalache

Escrito por admin el . Publicado en Opinión

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Teódulo LMAutor: Teódulo López Meléndez

Fecha de Publicaciòn: 09-09-15

 

Algunos piensan que Discépolo hizo tango La metamorfosis de Kafka o La peste de Camus

Enrique Santos Discépolo fue invitado a componer un tango para la película El alma del bandoneón.

Lo hizo para retratar lo que los argentinos conocen como la “década infame” y para ello recurrió a lo que allí se llama el lenguaje lunfardo.

Este tango fue prohibido en numerosas ocasiones, lo que bien podría repetir este mundo del siglo XXI.

Es un cambalache o trueque de un mundo putrefacto, un tango orillero.

Su letra excedía a la realidad argentina e, incluso, ha demostrado que excede al tiempo… que el mundo fue y será una porquería ya lo sé..para prever que también lo sería en el dos mil.

La condena en ese tango inmortal se ha alargado al XXI, uno que presencia una maldad insolente.

Cambalache (1935) tiene 273 palabras que ya andan por los 80 años de escritas.

Algunos piensan que Discépolo hizo tango La metamorfosis de Kafka o La peste de Camus antes de que estas dos obras maestras hubiesen sido escritas.

En cualquier caso la porquería que el poeta del lunfardo veía en aquel año va al 506 no explicita si antes o después de Cristo, uno presume que se refiere al AC mientras corintos y espartanos se matan y caen las ciudades de Tebas y Calcis, marca del conflicto humano.

Uno no sabe si AC o DC, mejor así, mirar historia no es para el día de hoy. Mejor no confiar en la memoria y dejar en la indeterminación los sucesos de aquel 506.

Ahora tenemos un siglo XXI con un brote de fanatismo religioso encarnado en un Estado Islámico en procura de un Califato, una Europa invadida por la desesperación de los que huyen, una presión que convierte al Mediterráneo en un mar de muerte, mientras nos deshacemos invocando los términos del Derecho Internacional Humanitario al tiempo que asistimos en nuestro propio continente a un caso sin antecedentes y que sólo podemos graficar en el desplazamiento de asentamientos indígenas por parte de los conquistadores.

Es el niño sirio muerto en la playa turca, con la cara hacia el mar como viendo el origen de su vida y de su muerte.

Cambalache no puede ser entonado, no es momento de cantar nada, pero uno recuerda la terrible descripción de una “década infame”.

Y uno, sin invocar injuriosas o duras palabras, se asegura que a pesar de condición humana el mundo no seguirá siendo una porquería.

 

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