Chacumbele dando lástima

Escrito por Redacción el . Publicado en Opinión

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Carola ChávezAutor: Carola Chávez

Fecha de Publicación: 02-05-18

No hay nada más lleno de pelusas que el ombligo de la clase media venezolana. Desde ese denso pelusero que nubla la vista y la razón, elaboran un torcido imaginario que llaman “situación país”, donde interpretan, por supuesto, los papeles protagónicos que van desde el de sostén del país (que los sostiene), a ilustre casta superior preparada para ser la dirigencia del futuro (que apesta a pasado), a heroicos guerreros de la libertad (que nadie les ha quitado), a SOS Venezuela, encunetándose finalmente en un ridículo “pobrecito yo”.

Sin un ápice de vergüenza, con su ropa nueva, planchadita, a la última moda, coronados con su gorra de tricolor y un sobreactuado puchero, se presentan al mundo como refugiados que huyen de una horrenda crisis humanitaria. Y se suben a un autobús en Buenos Aires, Bogotá, Santiago, Lima o Madrid y le cuentan su drama a los pasajeros que viven su dramas propios, pero que al ombligo con pelusas le importa tres pitos. Y así, un venezolano que se fue a Chile con su título de la UCV, le cuenta al chamo chileno sin educación universitaria gratuita, que en Venezuela, los jóvenes no tienen futuro. Y otro, en el metro de Madrid, cuenta su dramática travesía en clase turista para buscar “el futuro que su país le negó”, mientras unos senegaleses que matan el frío en la estación, lo miran incrédulos.

Y se paran en cualquier mercado, en cualquier esquina, a dar lástima “porque soy venezolano”, y se graban con sus teléfonos y lo cuelgan en las redes, y se vuelven virales, como un virus nocivo que aspira a ser epidemia. Y descubren las páginas web de crowfunding, una forma colectiva de financiar proyectos, y creen que al colectivo le importa el proyecto individualísimo de un pendejo de Maracay que quiere irse demasiado porque SOS Venezuela y él no estudió ingeniería para vivir “con esta crisis humanitaria”. Y que lo ayuden, plis, a reunir $5.000 para costear el pasaje, la llegada, y un pote de Nutella.

Y así, cegados por la pelusa, banalizan la tragedia verdadera de millones de refugiados y las crisis humanitarias, hijas del saqueo y las guerras, que los expulsaron de sus tierras; a la vez que propagan el peligrosísimo discurso, made in USA, de “pobrecita Venezuela, hay salvarla a bombazos”, que los convertiría, chacumbelemente, en verdaderos refugiados.

Carola Chávez

@Tongorocho

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