Con descaro y poca vergüenza

Escrito por admin el . Publicado en Opinión

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JoseVielma-MoraAUTOR: José Gregorio Vielma Mora

Fecha de Publicaciòn: 06-09-15

El Gobierno colombiano no deja de asombrarnos.

Ya era bastante con la indolencia y pasividad con que actuaban antes del cierre de la frontera, permitiendo y legalizando el contrabando de extracción y la especulación con nuestra moneda, pero, a la luz de las últimas declaraciones de los más altos voceros, incluido el presidente Manuel Santos, nuestra capacidad de asombro llegó a su máximo nivel.

Tanto así que no me siento muy estimulado a responder a tales posiciones que, sin duda, significan una gran falta de vergüenza ante el propio pueblo colombiano y al venezolano que tanto ha dado a esa nación hermana.

Ahora resulta que no solamente vulneramos los derechos humanos de unas centenas de inmigrantes colombianos establecidos en una zona de seguridad fronteriza, sino que estamos violando los derechos humanos de miles de “pimpineros” y “bachaqueros”  de esa nacionalidad.

Con el “show” mediático de los “derechos humanos”, el Gobierno colombiano pretende esconder preocupaciones de toda índole, políticas, económicas y sociales, dentro de la desigual y excluyente sociedad colombiana, y en la medida que mantengamos firme la política nuestra soberana de resguardo de frontera, se develarán nuevas realidades dentro de la hermana nación.

La semana pasada me refería a los posibles efectos económicos para Colombia al no contar con el contrabando desde Venezuela como agente dinamizador. Todavía no se pueden precisar los alcances de esos efectos pero estamos seguros de que van a llegar más allá del Departamento del Norte de Santander y, como lo económico y lo social van de la mano, ahora resulta que la República Bolivariana de Venezuela es también la responsable de una posible crisis humanitaria en Cúcuta.

Por eso hablamos del asombro ante el inmenso descaro del Gobierno colombiano de responsabilizarnos de eso. ¿Esos son los derechos humanos que estamos vulnerando?

Menos asombrosas, pero sí más deprimentes, son las posiciones -tradicionalmente apátridas- de la oposición venezolana. Se alinearon, como perros de caza con las matrices de opinión generadas desde Colombia.

Que lo hagan los colombianos se entiende, pero estos mequetrefes –por decir lo menos- se han hecho eco, como siempre, de todas las campañas internacionales contra su propia patria.

Son capaces de cualquier cosa con tal de atacar este Gobierno. Pobres y mediocres dirigentes, sus seguidores en el Táchira ya deben sentir una inmensa vergüenza de su dirigencia, cada vez que entran a una estación de servicio a reponer gasolina.

Pero la mediática internacional se cree con la capacidad de convertir cualquier absurdo en una “verdad conveniente”. Cómo se les ocurre decir que en Venezuela se maltrata a los colombianos cuando les damos estabilidad, subvenciones, vivienda, salud y educación gratuita a 5.600.000 colombianos y colombianas en nuestra patria.

En términos presupuestarios, cuánto le costará al país ese número de inmigrantes.
Les hemos entregado casi 190.000 viviendas a familias de esa nacionalidad, cosa que no ha hecho el Gobierno colombiano ni con sus connacionales en su propio país. Por eso, consideramos “un chorro de baba” todas las argumentaciones neogranadinas contra las medidas de estado de excepción y cierre de frontera.

Con seguridad, estarían felices y haciéndose los tontos si continuara este festín contrabandístico.

Pues se equivocan y, además, profundizaremos las políticas soberanas de defensa de nuestros intereses.

El Gobierno colombiano debe ocuparse de su gente, no puede seguir pretendiendo que Venezuela le resuelva el problema estructural de la pobreza.

Debe ocuparse de Cúcuta, generar empleo formal.

Así como piden los enseres de los repatriados, deben devolver los millones de litros de combustibles y los millones de toneladas de bienes subsidiados provenientes de acá, que han comisado las autoridades colombianas.

Ese es el tono y el camino por donde debe solucionarse su crisis, no la nuestra.

Y en la medida que, continúen con sus ataques a Venezuela, peor les irá.

Dejar de ser descarados y desvergonzados es el mejor camino para la dirigencia colombiana, no solamente por el respeto debido a esta república, verdadera y probadamente bolivariana, sino a sus millones de connacionales que se refugiaron en nuestra patria en búsqueda de mejores condiciones de vida y, en algunos casos, como única alternativa para no morir.
 

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