El Papa Francisco y la Ley de Amnistía en Venezuela

Escrito por admin el . Publicado en Opinión

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miguel_angel_nunezAutor: Miguel Angel Núñez

Fecha de Publicaciòn: 22-02-16

La Ley de Amnistía y Reconciliación, que los diputados de la oposición
piensan aprobar en los próximos días, contiene aberraciones de todo
tipo.

Es un escuálido intento de autoperdón, al mismo tiempo que un
confesionario, por todas las acciones criminales que han emprendido en
contra del pueblo venezolano y del proceso revolucionario.

Inevitablemente, debido a que no sólo desmonta el código penal
venezolano, sino que tiene elementos anticonstitucionales, será
declarada anticonstitucional una vez que el Presidente Nicolas Maduro
la someta a la consideración de la Sala Constitucional del Tribunal
Supremo de Justicia.

La ley le cubre las espaldas a aquéllos y aquéllas que, entre el 1ro
de enero de 1999 y la fecha de aprobación de la ley—cualquiera que
ésta sea, cometieron crímenes como: instigación a la desobediencia de
las leyes; instigación al odio; apología del delito; instigación a
delinquir; asociación para delinquir; lesiones personales; violencia o
resistencia a la autoridad; causar pánico o zozobra a las comunidades;
agavillamiento; obstaculización de la vía pública para preparar el
peligro de un siniestro (guayas corta cuellos); daños a los sistemas
de transporte, servicios públicos, informáticos o de comunicación;
destrucción o deterioro de caminos y obras destinadas a la
comunicación pública; daños a la propiedad; importación, fabricación,
porte, detentación, suministro u ocultamiento de artefactos explosivos
o incendiarios; perturbación de la tranquilidad pública; ultraje al
funcionario público; uso de menores en la comisión de delitos;
incendio y otros delitos de peligro común; traición a la patria y
otros delitos contra ella; rebelión; insubordinación; rebelión militar
y de civiles; sublevación; falsa alarma; revelación de secretos
militares; faltas el decoro militar; uso indebido de condecoraciones,
insignias y títulos militares; sustracción de efectos y armamento
pertenecientes a la Fuerza Armada; negativa a servicios legalmente
debidos; encubrimiento; porte ilícito de arma de fuego; uso indebido
de arma de fuego; daños al sistema eléctrico nacional; terrorismo;
financiamiento al terrorismo; fuga; tráfico de drogas; tráfico ilícito
de semillas, resinas y plantas; fraude; estafa; usura; y delitos de
corrupción.

Curiosamente en sus 44 artículos, no menciona o insinúa la “amnistía
ambiental” o “ecológica”.

Esto es una evidencia más del desprecio que sienten hacia el ambiente
y hacia los problemas ambientales que nos están retando a repensar
nuestro papel en el planeta. La mayoría de los habitantes del planeta
están tomando medidas contra el calentamiento global; están tratando
de remediar los grandes problemas que afectan al planeta en general.

Ellos no.

Recordemos que, en especial entre febrero-abril 2014, en docenas de
ciudades, vimos los más inimaginables ecocidios por los actos
terroristas y criminales que se llevaban a cabo.

Cortes, quemas, mutilaciones de más de 5000 árboles
(geo-referenciados); envenenamiento de aguas para consumo masivo;
intoxicaciones sufridas en niños menores producto de quema de cauchos
e incendio de materiales diversos; uso de animales domésticos para
cargar y detonar explosivos; la contaminación sónica y visual por los
impactos de actos terroristas y el deterioro ambiental espacial, en
que fuimos objeto en múltiples escenarios; aunados a los impactos
mentales, sociales y morales de parte de los para-ejecutores de la
MUD, también deben ser seriamente investigados, por la Fiscalía
General de la República.

Hasta el momento, no hemos visto un sólo imputado por este tipo de acciones.

Como bien lo ha señalado el ilustre constitucionalista venezolano Dr.
Herman Escarrá, no ha habido arrepentimiento y mucho menos—a los que
somos católicos creyentes—ni una expresión u acto de constricción por
la pérdida de vidas de hermanas y hermanos venezolanos causadas y por
todos los daños físicos, mentales, sociales, ecológicos ocasionados
que se confiesan en dicho proyecto de ley.

“A confesión de parte relevo de pruebas”

Sería interesante preguntarnos…

¿Qué opina la Conferencia Episcopal Venezolana sobre esta ley?

De estar a favor de esa Ley, es posible que orienten su acción hacia
un histórico y mundial sacrilegio nunca visto en la historia de la
humanidad.

No sólo por reconocer la validez de la ley aún siendo inconstitucional.

También estarían desconociendo y negando los postulados expresados por
el Papa Francisco en su Carta Encíclica “Laudato Si”, “Sobre el
cuidado de la casa Comun”. Entre ellos: 122: En la Exhortación
apostólica Evangelii gaudin se refiere al relativismo práctico que
caracteriza nuestra época y que es “todavía más peligroso que el
doctrinal”.

Cuando el ser humano se coloca a sí mismo en el centro, termina dando
prioridad absoluta a sus conveniencias circunstanciales, y todo lo
demás se vuelve relativo.

Por eso nos debería llamar la atención que, junto con la omnipresencia
del paradigma tecnocrático y la adoración del poder humano sin
límites, se desarrolló en los sujetos este relativismo donde todo se
vuelve irrelevante, si no sirve a los propios intereses inmediatos.

Hay en esto una lógica que permite comprender cómo se alimentan
mutuamente diversas actitudes que provocan al mismo tiempo la
degradación ambiental y social.

Encarna lo anterior las razones ideológicas y políticas que la MUD ha
tenido, en los últimos 17 años, con las políticas ambientales para el
país, demostrando su supina ignorancia y desinterés por tan
estratégico tema.

Esta Ley Amnistía y Reconciliación simboliza la negación absoluta de
la sensibilidad, el amor, el entendimiento y la compasión; no toma en
cuenta a las víctimas, sino sólo al perpetrador de los crímenes.

En esencia: congela el diálogo, legaliza evasión de la justicia y
peligrosamente nos empuja hacia una guerra civil entre los
venezolanos.

Esto lo refleja también el Papa Francisco, 204: la situación actual
del mundo “provoca una sensación de inestabilidad e inseguridad que a
sus vez favorece el egoísmo colectivo”.

Cuando las personas se vuelven autoreferenciales y se aíslan en su
propia consciencia, se acrecienta su voracidad. Mientras más vacío
está el corazón de la persona, más necesita objetos para comprar,
poseer y consumir.

En este contexto, no parece posible que alguien acepte que la realidad
le marque los límites. Tampoco existe en ese horizonte un verdadero
bien común. Si tal tipo o sujeto es el que tiende a predominar en una
sociedad, las normas serán respetadas en la medida en que no
contradigan las propias necesidades.

Por eso no pensemos en terribles fenómenos climáticos o en grandes
desastres naturales, sino también en catástrofes derivadas de las
crisis sociales, porque la obsesión por la vida consumista, sobre todo
cuando sólo unos pocos puedan sostenerlos, conlleva a la violencia y
destrucción recíproca. En otra reflexión; 202: muchas cosas tienen que
reorientar su rumbo, pero ante todo la humanidad necesita cambiar.
Hace falta la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua
y de un futuro compartido por todos.

Esta conciencia básica permitiría el desarrollo de nuevas
convicciones, actitudes y formas de vida. Se destaca un gran desafío
cultural, espiritual y educativo que supondrá largos procesos de
regeneración.

Estoy convencido, que los venezolanos, ante la crisis socio-ambiental
que estamos viviendo, podremos re-encontrarnos entre todos, para todos
y por todos, movidos por el objetivo de unirnos y evadir una
innecesaria confrontación social entre hermanos que somos.

Definitivamente, no tenemos más opciones que aferrarnos y seguir
avanzando firmemente en el objetivo histórico revolucionario:
“preservar la vida en el planeta y salvar la especie humana”.

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