En busca del paraíso

Escrito por Redacción el . Publicado en Opinión

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Luis RojasAutor:   Luis Rojas Cedeño

Fecha de Publicación: 10-02-18

La hija de la vecina marchó con su esposo hacia Maicao y Río Hacha en
la guajira colombiana.

La visión de la chica es ambigua, son dos visiones totalmente
opuestas, pareciera que visitó dos regiones diferentes; sin embargo,
se refería a la misma región de una de las zonas más pobres de
Colombia, donde mueren niños indígenas por inanición (según noticias
emitidas por los medios de Colombia).

La vecina narra con  una expresión de terror y miedo que la odisea
comienza en el lado venezolano donde los guardias bolivarianos voraces
registran los equipajes buscando frenar el contrabando de productos
financiados por el gobierno que van a parar a Colombia.

Sin embargo, estos guardias están más por despojar a los viajeros de
dinero y productos sobrantes que por hacer su labor.

El vehículo de doble tracción, contratado frente a una bomba de
gasolina a la salida de Maracaibo, se lanza a un viaje que nadie
asegura que llegará a su destino; los caminos  llenos de vericuetos,
denominados<<Trochas>>, tiros, violaciones por parte de los
paramilitares colombianos ante la mirada complaciente de los militares
de la hermana república.

En algún lugar, esta joven mujer se tropezó con un bus donde  la
inmigración colombiana cada día deporta una notable cantidad de
delincuentes venezolanos, gente de mal vivir, que no tienen alguna
habilidad para el trabajo decente “y va a Colombia a hacer lo que
sea”.
El bus estaba lleno de transexuales, unas cuantas putas, no olvidemos
que estamos exportando hacia Colombia lo mejor de nuestro producto
“territorial bruto”.

Según la señora, mi vecina, “los venecas” viven en una plaza, duermen
en el suelo, hay homicidios entre ellos, son mal vistos “además del
cariño” que siempre nos han tenido “los hermanos colombianos”.

Admite la vecina que nos tratan con desprecio, quizás nos devuelven
los mismos maltratos que le infligimos décadas atrás.

Deslumbrada quedó esta mujer ante lo organizado de la sociedad
Colombiana, donde  según todo funciona (Cuando teníamos Caracol en el
cable, este medio afirmaba lo contrario), las playas según  son
espectaculares, a tal punto que pronto regresa en viaje de placer con
los hijos.

Manifiesta que desea montar un negocio de hamburguesas, considera que
la comida chatarra de allá es mala, y que ese negocio le va a permitir
el despegue económico que tanto ansiamos los venezolanos.

Cuando escuchaba la segunda parte de su exposición, la  parte
optimista, no pude evitar recordar cuando con mi compadre visité
Aruba, en 1983 y la capital constaba con  dos calles comerciales, y
tampoco tenía ventas de comida chatarra.

No olvidemos que Aruba es un país de vacaciones para ricos que están
en  hoteles con casinos, donde sobra la buena comida y ningún turista
va a salir a media noche comer “hotdog”.

Solo existía un KFC, y allí fuimos a cenar pollo frito, y le dije a mi
compadre: “Aquí ponemos un puesto de hotdog y nos volvemos ricos”,  un
arubiano que estaba al lado  comentó: “Seguro que cuando termines de
montar el puesto de perros, vas a sentir la patada que te van a dar
que vas a caer en el Cabo de San Román”.

Espero que mi vecina tenga éxito, por lo menos es optimista, creé en
ella a pesar de lo  desagradable que vivió.

Los venezolanos pasamos de un extremo a otro, sin experimentar una
transición, por un análisis que nos permita evaluar cuando se gana,
cuando se pierde.

El venezolano que elige el paraíso Colombiano, Chileno, Argentino,
Peruano, no necesita de análisis, este venezolano afirma: “Que se va
del país, vende hasta al gato y viaja dispuesto a hacer lo que sea,
después verá que pasa, pero no desea seguir calándose esta vaina”.

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