Entre el amor y el odio

Escrito por Redacción el . Publicado en Opinión

Compártelo

isaac villamizarAutor: Isaac Villamizar

Fecha de Publicación: 19-12-17

Eros, el amor (Cupido entre los romanos) a quien los griegos
representaban como un jovenzuelo alado portando arco y flechas y una
antorcha con la cual inflamar los corazones, nace de la oscuridad de
la noche y el caos.

Esta primaria simbología nos pone al tanto del poder y del carácter
del amor, opuesto en todo al odio, ligado al desorden y a las
tinieblas.

Es decir, el amor nace del odio, porque ambos, son inseparables,
eternamente adheridos, inmutables y llenos de las más profunda pasión
en sus manifestaciones.

Lo afirmó Ortega y Gasset: “Odio y amor son, en todo, dos gemelos
enemigos, idénticos y contrarios. Como hay un enamoramiento, hay (y no
con menos frecuencia), un ‘enodiamiento’.”

El amor se muestra, desde el principio de los tiempos, como un impulso
generador y constructivo, y así, Venus, la diosa romana de la
naturaleza y la primavera simboliza la vitalidad y la alegría de la
creación natural.

Las leyendas romanas suponían un ardiente romance entre Venus y Marte.

Venus, imagen de la belleza, del éxtasis, de la atracción, de la
delicadeza, del deleite. Marte, el dios de la guerra, que en el Ares
griego se asociaba a la venganza, a la temeridad, a la violencia, la
brutalidad, al tumulto, a la confusión, al horror.

De esta forma queda cerrado el círculo inmortal que une las dos caras
de los más profundos sentimientos humanos: el amor y el odio, marcados
para siempre en el corazón del ser humano.

Buen amor, loco amor, amor divino, amor humano, amor de poetas, amor
de caballeros, amor cortés, amor carnal, amor filial, maternal y
paternal, amor de claustro, amor ciego, amor propio.

Tantas maneras de emprenderlo. Odio con rencor, odio con violencia,
odio por envidia, odio para aniquilar, odio de muerte, odio con la
palabra y el gesto, odio con hipocresía, odio desde el resentimiento,
odio para execrar.

Infinitas abominaciones del mal que aborda la inquina.

Todo cabe en la historia de la persona zarandeada por esas conmociones emotivas.

Filósofos, escritores, religiosos, muchos han dado su parecer en
asuntos tan sensibles, tan profundos y a la vez tan livianos.

Con el odio se puede expresar la mayor antipatía hacia algo o hacia alguien.

Y cuando está dirigido al otro, se le desea el mal mayor.

El odio parece vinculado a la enemistad y la repulsión, muchas veces a
la intolerancia.

Las personas tratan de evitar o destruir aquello que odian.

En algunos casos se odia sin ambages, sin esconderlo.

En sobradas ocasiones se odia con la careta, con la amargura enmascarada.

Lo dijo Solón: “A menudo el odio se disfraza con una cara sonriente y
la lengua se expresa en tono amistoso, mientras el corazón está lleno
de hiel.”

Y aunque por lo general se considera que el odio es lo opuesto al
amor, muchas veces del amor al odio sólo hay un pequeño paso, y
viceversa.

Es que el odio se dirige hacia alguien que se considera importante y
que moviliza al individuo. Es que no existe nada que odien más los
mediocres que la superioridad del alma y del talento.

Pero el odio no siempre es irracional, porque es normal odiar a quien
hace sufrir o amenaza la existencia.

Es cuando, aunque parezca un contrasentido, el odio es santo. Es la
indignación de los corazones fuertes y paternos, el desdén militante
de aquellos a quienes la mentira, la vulgaridad, la chabacanería, la
ordinariez y la futilidad enojan.

Entonces, en estas circunstancias, odiar es amar, es tener el alma
ardiente y generosa, es vivir desahogadamente, despreciando las cosas
estúpidas, vergonzosas y humillantes.

Porque si nos han robado la tranquilidad, nos han quitado a nuestros
seres queridos, nos han hecho sufrir de hambre, nos han postrado ante
el robo y la miseria, han llevado nuestros latidos del corazón al
borde del cementerio, entonces odiar no es punible, no se decreta su
silencio, no se le impone las cadenas y el yugo.

Tal vez, ese odio, lo que exige, en la realidad de su efervescencia,
es justicia, es respeto, es dignidad.

Compártelo

Seguimiento desde su sitio.

Redacción

Adm_vini_1041