La verdadera mujer enfrenta a la nada

Escrito por Redacción el . Publicado en Opinión

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Gladis SilvaAutor: Gladis Silva

Fecha de Publicación: 12-11-17

Los individuos — digo los hombres, en este caso — que disfrutan
utilizando prendas de vestir, así como ademanes y comportamientos que
son característicos al otro genero, se les denomina como travestis.

Por estudios realizados se ha dicho, que no sólo hay hombres, sino
también mujeres.

Pero nos ocupa el tema por los machos, no por las hembras.

Se cree que son simplemente homosexuales: Un hombre que quiere ser mujer.

Estos enfermos, porque están mal de la cabeza, envidian a la
triunfadora, a la verdadera mujer, a quien le profesan desprecio y no
valoran, en su terrible desgracia física, porque nacieron hombres,
queriéndo ser mujer.

Casos específicos existen por montón.

Tragedias familiares con un fin luctuoso.

Un rudo jefe policial golpeó salvajemente a su hermano menor, solo
porque lo encontró mirándose al espejo en pantaletas.

La psiquiatría se ha ocupado de ellos y a decir verdad, ha sido muy
tolerante, contrarios a la Ley de Cristo Nuestro Señor, que hizo
hombres y mujeres, uno para la otra y viceversa.

Pero bien…al grano..!

Un locutorcillo en Maracaibo (aunque él no nació aquí) vive
obsesionado con los exitos de una mujer exitosa en la radio.

Ella –contratada por la alcaldesa Evelin Trejo y por su esposo Manuel
Rosales–ha expuesto con una dicción impecable y de agraciado impacto
los logros del Gobierno de la conocida pareja.

¡Aplausos y veinte puntos..!

Entonces, el calvo y regordete adversario, atormentado, se lanzó a
promocionar a Arias Cárdenas, causándole un daño de proporciones
tremendas, porque en la campaña para la re-elección, no sumaba un
voto, sino que más bien restaba.

El obeso personaje, se agarró de las faldas de la entonces Primera
Dama, a manera que le entregaran la campaña radial y televisiva, que
además de cobres, le proporcionaba a su criterio del prestigio que
necesitaba para doblegar a la publicista ganadora, que tampoco vamos a
nombrar.

¡Perdió él y perdió el Gobernador..!

Un buen redactor publicitario no cuenta las bolsas de cemento, los
metros de cabilla y los potes de pintura, que su jefe ha gastado en
una obra.

Cuenta el beneficio comunitario, la trascendencia y el peso social, el
efecto de la necesidad superada.

Pero no…

Engolando la voz, en matices extraños, burdo, sobre cargado de textos
inútiles, intentando proyectar una imagen, que está por encima de
aquel que le paga, distorsionó el mensaje y generó carcajadas por lo
cantiflesco.

En privado y con mohines, dirá que ganó la medalla de oro, sin
testigos que le puedan aprobar el ritual de sus prendas femeninas, que
al usarlas, lo hacen más payaso que de costumbre.

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Redacción

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