“Lo bueno se queda, lo malo se va”…

Escrito por Redacción el . Publicado en Opinión

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Cialco 13Autor: Ciro Alfonso Contreras

Fecha de Publicación: 16-05-18

Uno de los daños más cruentos y despiadados hechos a la conciencia nacional ha sido la manipulación con los títulos académicos.

El arrogante cuento dice que “este sí sabe, porque se graduó como el número uno de su clase” y además tiene un llamativo post-grado.

Mucho más si por carambola se graduó en el extranjero.

Profesionales de academia, egresados por bojote, solo aptos por la gracia divina para la selecta lucidez intelectual.

Venezolanos de primera.

Realidad no comprobada, pero las vivas eminencias.

Fue así que pudo fraguarse durante muchos años una legión de sabelotodo, llorosos hoy porque “se quemaron las pestañas” en la universidad y los lujos se alejaron.

Se trata de los más admirados, los obligados referentes, una clase superior.

Los ineludibles novios de las madrinas.

Además, los únicos calificados y competentes para integrarse a la política y así “bien administrar” los dineros públicos.

Ministros, Alcaldes, Gobernadores.

Un rezago del gomecísmo y de Pérez Jiménez, que terminó por enredar más la llamada “democracia representativa”.

Hubo familias–antes del supuesto modernismo que significó la década del setenta–que pretendía con jactancia un militar, un cura y un doctor en su familia.

Un doctor en medicina, pero si no en derecho…

Doctor al fin y al cabo.

Relegando a las mujeres, a quienes adiestraban para ir tras uno de esos “buenos partidos”.

Eran la ley y el orden “democrático” que desechó olímpicamente al muchacho del barrio.

Duros ejercicios del saber golpearon el sueño humilde de los niños pobres.

“Su hijo no sirve para los estudios, dele una cajita para limpiar zapatos”, expresaban orondas las maestras hechas en el invento adeco de “mejoramiento profesional”.

Todavía lo gritan como lo excepcional de lo mejor.

Sí, quizás como se hace en Japón, donde no hay exámenes hasta el cuarto grado, no existe la deserción escolar y los maestros no expresan más privilegios que el progreso nacional.

El maestro Uslar Pietri afirmaba: “Lo que más necesita nuestra educación es una cura de simplicidad, regresar a los conceptos básicos y preguntarse a quién se tiene que educar y para qué…

Yo no fui un estudiante brillante, el mejor. Nunca”…!

Renny Ottolina también sentenciaba que uno de esos genios le dijo insolente que se “dedicara a otra cosa, porque no tenía cultura y locutor no iba a ser jamás.

En LUZ en el invento de los Estudios Generales se quedó medio mundo, un enorme talento de los municipios.

Qué curioso y allí  los “más aventajados conocían el resultado de las pruebas de fondo”.

¿Un alpargatudo Alcalde…?

¿Quién es ese…?

No señor…

No ha sido juez, senador, profesor universitario.

No puede vilipendiarse a nadie.

Pero la férrea y agotadora calle enseña mucho más.

Con todo lo bueno y todo lo malo, por supuesto.

Enseña a sobrevivir, a respetar, el valor de la amistad, el amor al prójimo.

Sin vanidad y altanería.

Tal como suena el guaguancó…

“Tomo guarapo por la madrugá, lo bueno se queda y lo malo se va”…

Ciro Alfonso Contreras.-

cialco13@gmail.com

 

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