Propaganda no es solución

Escrito por Redacción el . Publicado en Opinión

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Aveledos33Autor: María Alejandra Díaz

Fecha de Publicación: 29-08-18

La propaganda no sustituye las políticas públicas. Por muy bien hecha y eficaz que sea, nada tiene que ver con los problemas reales de la gente de carne y hueso. Y si su base es falsa, le pasa como a toda mentira que tiene piernas cortas. Las primeras víctimas de la mentira, por cierto, son los mentirosos que las propagan, porque acaban creyéndoselas para convencer a los incautos, a quienes en el fondo desprecian. Máxime si el mentiroso de marras está en el círculo más exclusivo y alto del poder, porque no vive la vida del resto de los mortales sino una como de cuña de perfume o carros de carreras, supongo que de Ferrari, no por el cavallino rampante sino por el color rojo que le es emblemático. Lo digo para que si usted conoce a alguien así se lo advierta junto a esta copla: “No te remontes tan alto/prenda de tanto valor/que al árbol que más se eleva/le tumba el viento la flor.”

Es supersticiosa la fe en la propaganda como sustituta de la realidad. Cualquier impresión basada en información falsa o incompleta no tarda en esfumarse y el desengaño puede cobrar caro, incluso carísimo. A Abraham Lincoln, quien no había estudiado sicología ni siquiatría pero como político experimentado y estadista probado comprendía la condición humana y respetaba su dignidad, se le atribuye la frase “Usted puede engañar a todos algún tiempo o puede engañar a algunos todo el tiempo, lo que no puede es engañar a todo el mundo todo el tiempo”.

Las dictaduras, máxime las totalitarias, priorizan la propaganda por sobre cualquier otra rama de gestión del poder, con la probable excepción de la represión. Y no es de extrañarse, pues puede ser una forma masiva de encuadramiento social y un modo de sustituir la represión o, directamente, de reprimir. Como en su obsesión de mando lo instrumentalizan todo, amor y odio, miedo y seguridad, necesidad y satisfacción, logro o envidia, lo mismo ensayan con actividades humanas de impacto en la mente colectiva, como el deporte o las artes. Stalin consideraba a los escritores como “ingenieros de almas”.

Mano derecha de Hitler era el Dr. Joseph Goebbles, Ministro de Ilustración Pública y Propaganda, tan culto e inteligente como acomplejado y narcisista. En cambio Adenauer, gran demócrata, para reconstruir su patria arruinada por el Nacionalsocialismo, confió en Ludwig Erhard, brillante economista. Será por eso que éste está en la memoria agradecida de su pueblo y aquel es su vergüenza.

Ramón Guillermo Aveledo

@AveledoUnidad

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