¡Quédate en Venezuela!

Escrito por admin el . Publicado en Opinión

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Dorado 1Autor: Carlos Dorado

Fecha de Publicacion: 28-06-15

¿Los venezolanos queremos a nuestro país?

Decía mi madre, que quien quiere de verdad quiere en silencio, con hechos, nunca con palabras.

El amor es el motor que mueve la vida, y la vida no es vida sin amor, sino un mero simulacro. Sin embargo, a menudo resulta tan difícil encontrar el verdadero amor, llámese éste pareja, país, profesión.

¡El verdadero amor, casi siempre es sacrificio!
Hace un tiempo, en una sobrecena en mi casa, estaba charlando con una pareja de amigos suizos que bajo recomendación mía, vinieron a pasar una semana en Venezuela.
Me comentaban que estaban impresionados por la violencia, el desorden y la inseguridad que se sentía en Caracas, lo cual les intimidaba; y de repente me preguntaron: ” ¿Carlos, qué hace un tipo como tú en Venezuela?”.

Les prometí que se los explicaría a su regreso, después del recorrido turístico que iban a hacer, ya que era tarde y todavía tenía que hacerles algunas recomendaciones.

Tomé una hoja y les escribí.

Cuando estén en el muelle de Puerto Ayacucho, y antes de abordar el peñero, tómense un cuarto de hora para disfrutar de una vista imponente, donde el gran río Orinoco es atravesado por pintorescos “peñeros”.

Eso sí, agarren el de Jairo, sólo él sabe cómo hacer el recorrido para que la visión de los raudales rápidos más anchos del mundo, sea un recuerdo que se lleven a la tumba, y se convertirá en una de las imágenes más bellas que han visto en su vida.

En esa taguara que les recomendará Jairo, no olviden comerse el bocón en hojas de plátano cocinado a la leña, acompañado con una ensalada indígena de mañoco. Y acepten el reto de echarle el picante a base de bachacos, hecho por los indígenas.

No se olviden de pedir que los lleven al parque Tobogán de la Selva, una roca que con el pasar de los años se pulió con las aguas, adquiriendo forma de tobogán. Es bien largo y termina en una piscina natural.

Por supuesto, no dejen de visitar el tepuy más alto que está en el pico la Neblina; un espectáculo único.

¿Un solo día en Mochima recorriendo cien mil hectáreas de playas e islas?

Si ese es todo el tiempo del que disponen, al menos pásense por las más bellas: Chimanas, Mono, Picuda Grande, Venado y Borracha.

Eso sí, duerman en la posada “Gaby”, ubicada dentro del Parque Nacional.

De noche acuéstense boca arriba, miren el cielo estrellado y quédense así unos minutos.

Miren bien el reloj, ya que al menos habrán transcurrido un par de horas.

Una vez que estén en Puerto Píritu (un pueblito de pescadores), no olviden en la mañanita pedirle a la negra Jacinta que les prepare las arepitas de chicharrón con juguito de parchita o lechosa (ambos son excelentes).

Al mediodía no se pierdan el lebranche recién pescado por su esposo, y de nuevo en la noche miren fijamente el firmamento y observarán la caída constante de estrellas fugaces.

¡Ojo, no hace falta pedir deseos!

Este sitio les leerá el pensamiento. No exageren con la Polarcita fría; y levántense bien tempranito, para que vean un amanecer inolvidable y sobrecogedor.

¡Importante que no olviden probar los tostones de plátano con queso!

La próxima vez tienen que venir con más tiempo para visitar la Isla de Coche, Los Roques, Salto Ángel, Morrocoy, Los Llanos, Apure, etc.

Tienen para unos cuantos viajes más.

Al regreso de estos amigos suizos, yo me encontraba de viaje, y me dejaron en un sobre la hoja con mis anotaciones, y en la cual escribieron lo siguiente: ¿Qué hacemos nosotros en Suiza?

Carlos, ¡Quédate en Venezuela!

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