Saquemos a los colombianos de Venezuela

Escrito por admin el . Publicado en Opinión

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Alberto M

Autor: Alberto Martínez

Fecha de Publicaciòn: 16-06-15

El problema de los venezolanos es que no tienen más referentes que Colombia.

El mundo empieza en el Delta de Amacuro y termina en Paraguachón.

Por eso, cuando su selección va a jugar contra la nuestra, se preparan como si fuera la final de la Copa Mundo. Y la ganan.

Y se van a celebrar ruidosamente a la avenida Francisco Miranda.

Por lo mismo, cuando los presidentes tienen problemas de imagen –una constante natural en los últimos 15 años– apelan a su álter ego y arremeten contra el primero que se le atraviese, ya sea un colega estadista, un ministro en apuros o un concejal que estaba en un lugar equivocado.

Es probable, inclusive, que en determinado momento se les agoten las fuentes de inspiración, pero no se inmutan: ahí está el concepto genérico que los salva.

La última vez el presidente Nicolás Maduro dijo que éramos un país exportador de pobreza, pues los colombianos que vamos allá lo único que llevamos es necesidad.

Yo creía que lo que cargábamos eran unas ganas irreductibles de trabajar y, de paso, hacer aportes laboriosos a un país que no puede solo, pero parece que estaba equivocado.

Nos afana, según el buen juicio del señor Presidente, conseguir las oportunidades de educación, trabajo, salud y vivienda que no hemos tenido en nuestra patria.

Es probable que eso haya ocurrido antes, cuando el bolívar era el dólar suramericano; no ahora, cuando las casas de cambio de las fronteras lo que devuelven a los colombianos que vienen de entregar su alma en la nación ingrata es apenas un manojo de frustración.

Creo que el mandatario venezolano se quedó en las lecciones básicas de historia que aprendió en el colegio y no entiende las cifras actuales. Alguien debería ayudarle.

Lo otro que también acuñó es que los 5,6 millones de colombianos que, según sus cuentas, han llegado a Venezuela –él es un gran matemático que de vez en cuando sabe contrariar perfectamente las formulaciones pitagóricas– son una emergencia humanitaria.

Una emergencia, como la que él supone, exige ayudas humanitarias en grado superior para atender, por ejemplo, demandas insatisfechas de alimentos.

¿Cómo hará eso con la soledad de su economía productiva?

No más esta semana sorprendí a una turista venezolana tomándose foto en un supermercado de Barranquilla para que sus familiares de allá vieran que sí es posible encontrar estantes llenos de mercadería.

El asunto está pasando de castaño a oscuro. Si un Jefe de Estado ofende a los nacionales de un país con improperios como los citados, ¿qué se deja para el resto de ciudadanos?

Al presidente Juan Manuel Santos le corresponde, entonces, diseñar políticas que permitan el regreso de los colombianos que viajaron al vecino país cuando este era gobernado por otras decencias políticas.

No sé si la solución sea construir ciudadelas de oportunidades en las zonas fronterizas o permitir la reincorporación de estos ciudadanos a sus regiones de origen, pero hay que hacer algo urgentemente para sacar a los nuestros de ese país de dirigentes atolondrados.

Y dejarlos para ver si son capaces de descubrir su propio mundo.

 

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